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miércoles, 16 de diciembre de 2009

NOCIONES GENERALES SOBRE LAS LENGUAS INDÍGENAS EN VENEZUELA

NOCIONES GENERALES SOBRE LAS LENGUAS INDÍGENAS EN VENEZUELA
(Extraído del Manual de Lenguas Indígenas de Venezuela, Esteban E. Mosonyi y Jorge C. Mosonyi. Tomo I. Fundación Bigott. Caracas, Venezuela. 2000)



A. INTRODUCCIÓN

El estudio y conocimiento de las lenguas indígenas venezolanas constituye una importante vía para la comprensión del proceso histórico de nuestro país, así como para la definición adecuada de nuestra identidad nacional. El substrato cultural indígena es la base sobre la cual se constituyó, por aportaciones sucesivas, la nación venezolana actual. Y la lengua representa la síntesis de la experiencia cultural de todo grupo humano, además de ser el vehículo fundamental de su transmisión. De allí se desprende la trascendencia del tema estudiado.
Por otra parte, las lenguas indígenas no son solamente vestigios de un pasado ya absorbido por la evolución sociocultural. Muy por el contrario, forman parte de un presente vivo, existen en número y variedad notable, y siguen siendo utilizadas como medio de expresión por excelencia de una gama de poblaciones autóctonas, muchas de las cuales han entrado últimamente en un proceso renovado de crecimiento demográfico y de estabilización política, económica y jurídica.
Hoy en día las lenguas indígenas de Venezuela -al igual que las de los restantes países de América- están alcanzando el rango de lenguas escritas, literarias, dueñas de un acervo de publicaciones en constante incremento. En otras palabras, empiezan a ocupar el sitial que desde siempre les correspondía, y que la historia hasta fecha muy reciente les negaba obstinadamente. Como bien se sabe, hasta bastante entrado el siglo xx, tanto las lenguas indígenas como los pueblos que las hablaban no constituían, en el mejor de los casos, más que un objeto de curiosidad, para satisfacer el gusto por lo "exótico" de ciertos científicos, escritores y viajeros. Fue necesaria toda una revolución en el pensamiento, todo un vuelco en la actitud filosófica de base de los sectores avanzados y autocríticos de la sociedad occidental, para aceptar y respetar plenamente los pueblos autóctonos y todas sus manifestaciones socioculturales.
A lo anterior se ha unido una creciente toma de conciencia de las sociedades no occidentales a nivel mundial, las cuales defienden hoy en día más que nunca su derecho a seguir siendo ellas mismas y a decidir su propio destino, aprovechando al mismo tiempo todo lo que la ciencia, la técnica y el pensamiento humanístico de Occidente les puede aportar de útil y beneficioso.
Es en esta perspectiva de renovación radical que hay que plantearse toda la pro-blemática de las lenguas indígenas venezolanas, si se quiere comprender y apreciar su verdadero significado. Se trata, por una parte, de un acto de justicia elemental para con un conjunto de pueblos secularmente perseguidos y discriminados. Pero por otra parte, esa actitud positiva revierte de una manera beneficiosa sobre el país en su conjunto, porque apreciar y defender lo indígena equivale a fortalecer las bases mismas de nuestra identidad venezolana, en cuya conformación la matriz societaria indígena jugó un papel determinante.

B. ORIGEN DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS

La población indígena, aun cuando constituye el estrato demográfico más antiguo de Venezuela y de todo el continente americano, no es en última instancia autóctona de América. Las investigaciones arqueológicas, paleontológicas y antropológicas han ahondado en esta problemática, y los diversos autores coinciden en señalar que la población del Nuevo Continente llegó en oleadas sucesivas desde el continente asiático, a través del estrecho de Behring y las islas del Pacífico. En cuan¬to a la época probable de llegada de los primeros contingentes, las evidencias arqueológicas han demostrado que es mucho más antigua de lo que tradicionalmente se suponía, y se remonta a no menos de 30.000 a 40.000 años, es decir, a mucho antes del Neolítico y de la última glaciación.
La importancia de este hecho para la lingüística consiste en que explica la enorme variedad y diversidad de las lenguas que se hablan en nuestro continente. Todos los investigadores especializados concuerdan en que el mapa lingüístico de América es el más complejo y rico del mundo entero. Abarca más de 1.500 lenguas pertenecientes a cerca de un centenar de familias diferentes. Venezuela no es tampoco, desde luego, una excepción a este panorama de extrema riqueza y diversificación lingüísticas. Hoy en día se hablan en territorio venezolano alrededor de 30 lenguas indígenas, sin contar las variedades dialectales regionales que muchas de ellas adoptan. En este punto es necesario hacer una advertencia. Constituye un error muy común confundir los términos lengua y dialecto, o más exactamente, utilizar el segundo con una carga un tanto peyorativa, como queriendo afirmar que se trata de lenguas incompletas o inferiores. En consecuencia, es muy corriente oír decir que los indígenas hablan tales o cuales "dialectos" y este error es transmitido y perpetua¬do por los textos de historia de Venezuela destinados a la población escolar. Lo cierto es que nuestras poblaciones indígenas hablan lenguas tan completas, complejas y ricas como el español, el francés o el inglés, con la única diferencia de que aquéllas no disponen de una extensa literatura publicada, y en muchos casos carecen incluso de un sistema de escritura comúnmente aceptado. Ahora bien, hay que tener muy claro que la escritura es un fenómeno superficial en relación a la lengua hablada, y su ausencia nada dice acerca de la naturaleza, el valor o la complejidad de la lengua como tal. El hecho de que la escritura no haya aparecido espontáneamente entre los pueblos indígenas de Venezuela sólo significa que no llegó a surgir la necesidad histórica que le diera origen. Hoy en día se están adaptando la mayoría de las lenguas nativas a su utilización por escrito, y ello hace resaltar su riqueza expresiva, su notable arquitectura gramatical, amén del valor intrínseco y la originalidad de su literatura.
Por consiguiente, debemos hablar de lenguas, o idiomas -ambos términos son sinónimos-, en el sentido más estricto de la palabra. En cuanto a los dialectos, también existen en el seno de las lenguas indígenas, al igual que en el español. Los dialectos no son más que variedades regionales y locales de una misma lengua, que se diferencian levemente en cuanto a pronunciación, entonación, giros y expresiones características, pero que guardan entre sí una mutua inteligibilidad.
En las últimas décadas hemos sido testigos de un hecho sociocultural de gran significación en los países latinoamericanos, cuyas repercusiones aún no se han manifestado en toda su magnitud. Se trata de lo que podría denominarse, sin riesgo de caer en exageraciones, el renacimiento cultural de los pueblos autóctonos de América. El fenómeno es mundial en última instancia, puesto que procesos similares de reafirmación nacional y étnica han tenido lugar en otros continentes, como Asia y África, sin excluir a la propia Europa, donde las minorías nacionales han comenzado a exigir cada vez con mayor energía sus derechos sociopolíticos, culturales y lingüísticos en el marco de los estados nacionales a que pertenecen. Las causas que han generado este vasto proceso de cambio histórico son muy complejas y variadas para ser desentrañadas aquí, pero una aproximación superficial nos indica con claridad el papel que han jugado factores como el resquebrajamiento progresivo del sistema colonialista durante el siglo XX, los grandes conflictos bélicos, el afianzamiento de las organizaciones internacionales, así como también la maduración de las ciencias sociales en tanto que intérpretes y voceros del sentir y de las aspiraciones legítimas de los conglomerados humanos que pueblan el planeta.
Es en este complicado contexto, precisamente, donde tiene lugar el despertar de las naciones y culturas autóctonas de América, las cuales habían sido secularmente sojuzgadas y marginadas en el seno de los propios países donde se encuentran enclavadas. El complejo de inferioridad colectiva que se había generado en ellas como subproducto de una dominación expansionista apoyada en la fuerza bruta y en ideologías de corte positivista, tecnocrático e incluso racista, va cediendo terreno gradualmente a una resistencia activa, a un orgullo étnico y a una conciencia clara de los propios valores societarios. La ciencia social de vanguardia, y en particular la antropología crítica y comprometida, se ha hecho eco de estas nuevas realidades y las ha convertido en motivo primordial de su propia reflexión y de su programa de acción consecuente.

Las consideraciones de orden global que preceden, nos permiten entrar de lleno en la temática que nos corresponde analizar, la cual se refiere al patrimonio lingüístico indígena de Venezuela, y su valor cultural y educativo. Debemos aclarar en primer término que en nuestro país existe hasta hoy día una gran diversidad de manifestaciones lingüísticas y culturales, a despecho de los procesos de genocidio y etnocidio que se han suscitado, en muchas formas y variantes, desde el comienzo de la conquista española. Hay alrededor de 30 etnias autóctonas bien diferenciadas en el territorio nacional y sus zonas limítrofes y adyacentes. Cada una de ellas es portadora de su propia lengua y de sus propias tradiciones culturales, tanto materiales como espirituales, las cuales continúan vigentes a pesar de su inmersión en el contexto social mayoritario del país. Esta pluralidad antropológica no constituye ninguna afrenta a nuestra nacionalidad, ni representa peligro alguno de disgregación, ni es en absoluto un motivo de vergüenza. Muy por el contrario, el patrimonio indígena es la base misma de nuestra identidad nacional, es la fuente primigenia de nuestro perfil societario integral, y merece, por lo tanto, el más profundo respeto de parte de toda la población y de sus instituciones representativas.
Dentro de cada cultura, entendida como el modo de vida característico de todo grupo humano, en su más amplio sentido, la lengua ocupa un papel central y básico. Cada lengua tiene un doble valor esencial y fundamental: por un lado, es un sistema expresivo extraordinariamente rico y complejo, capaz de expresar todos los hechos reales o posibles, y todos los matices del pensamiento. Por otro lado, la lengua constituye el sistema de comunicación por excelencia de toda colectividad humana, y es por lo tanto la clave de la dinámica vital cotidiana, y el principio generador del conjunto de las manifestaciones socioculturales que distinguen a los pueblos del mundo. La muerte de una lengua significa un empobrecimiento en términos absolutos para toda la humanidad, tan grande e incluso mayor que la destrucción de un monumento arquitectónico universalmente admirado, o la pérdida de una grandiosa obra literaria. El reconocimiento del valor intrínseco de las lenguas es una premisa antropológica que subyace a la investigación del patrimonio lingüístico, y a las aplicaciones a que da origen dicha investigación. A cualquiera que haya estudiado por lo menos someramente otras lenguas aparte de la propia, se le hace evidente ese valor; se manifiesta en la armonía del sistema de sonidos, en la lógica de los paradigmas morfológicos, en la sutil estratificación de los patrones sintácticos, en la profunda expresividad del universo simbólico contenido en sus campos semánticos y léxicos. Hay que aclarar que el valor intrínseco al que aludimos es completamente independiente del número de hablantes de una lengua, y del poder o la influencia que pueda ejercer la nación portadora dentro del panorama sociopolítico y cultural a nivel continental o mundial. Lo mismo merece ser estudiada y rescatada una lengua con algunos millares de hablantes, como otra que viva solamente en la voz de unas decenas de individuos. No existen lenguas superiores ni inferiores. Cada una tiene una riqueza infinita de matices expresivos. Cada una es un compendio de los logros culturales de un pueblo durante incontables generaciones. Por supuesto, las lenguas indígenas de Venezuela y de América participan plenamente de los atributos mencionados. Ellas enriquecen de manera inusitada el patrimonio cultural global de nuestro país. Nuestro deber como científicos sociales y como hombres con sensibilidad humanística es respetarlas, promoverlas y procurar por todos los medios su afianzamiento, junto con las tradiciones culturales, artísticas, literarias e históricas que perviven a través de ellas.

C. LENGUAS INDÍGENAS ACTUALES
Nos corresponde bosquejar someramente, en este punto, la amplitud y la situa-ción actual del patrimonio lingüístico indígena de Venezuela. Ello nos ayuda a to¬mar conciencia plena de la magnitud de la problemática abordada, y de los cauces de acción que se nos brindan para enfrentarla.
Ahora bien, muchos de los idiomas presentan cierto grado de afinidad entre sí, lo cual permite clasificarlos en familias lingüísticas. De esta manera se puede establecer un orden relativo dentro de la diversidad, y se hace posible postular un origen común en el tiempo para una gran profusión de idiomas emparentados. Ejemplos de estas familias lingüísticas en nuestro continente son los siguientes: caribe, arahuaca, tupí-guaraní, chibcha, tucano, ge, pano y muchas otras.
Se han propuesto clasificaciones más amplias e inclusivas, a fin de agrupar las familias lingüísticas en unidades aún mayores, como son los troncos y las macrofamilias. Sin embargo, el grado relativamente escaso del conocimiento que hasta hoy se tiene de muchas de las lenguas y familias sudamericanas, hace que el valor de tales intentos, sin restarles méritos, sea todavía muy provisional.
Otro elemento que dificulta la clasificación definitiva es la existencia de un gran número de lenguas que aparentemente no tienen relación alguna demostrable con otras. Son las llamadas lenguas aisladas o independientes, que algunos autores prefieren llamar simplemente "no clasificadas", en espera de una posibilidad futura de establecer definitivamente su filiación. En algunos casos tales lenguas son remanentes de familias que se extinguieron a lo largo de la conquista y el período colonial, durante el cruento proceso de dominación que las potencias europeas ejercieron sobre las poblaciones aborígenes del Nuevo Mundo.


1. Familia arahuaca (arawak)

Una de las agrupaciones lingüísticas que ocupa mayor extensión geográfica en el continente americano es la familia arahuaca (o arawak, según la grafía empleada por muchos autores). Las lenguas pertenecientes a ella son habladas -o lo fueron en épocas anteriores- en gran parte de la América del Sur, desde Brasil, Perú y Bolivia, hasta el norte de Colombia y Venezuela. Se extendían incluso hasta las Antillas Mayores y el sur de la península de la Florida.
En Venezuela existen actualmente tres núcleos de lenguas arahuacas. En el estado Zulia y la península de la Guajira se localizan el guajiro y el paraujano. Al extremo oriental del país, en los límites del estado Bolívar con la zona en reclamación de Guyana, se habla el aruaco. Y en el sur, a lo largo de la franja limítrofe del estado Amazonas con Colombia, tiene su asiento un grupo de seis lenguas arahuacas cercanamente emparentadas, que son el piapoko, el warekena, el kurripako, el baniva, el yavitero y el baré. Pasaremos revista en seguida a cada una de estas lenguas en forma más detallada.

Guajiro (wayuu). Se habla en la península de la Guajira, tanto en Colombia como en Venezuela. Además se extiende hacia zonas más urbanizadas como Sinamaica, Paraguaipoa y varios barrios de Maracaibo. También se consiguen hablantes en puntos dispersos de toda la costa occidental del Lago de Maracaibo. En conjunto, los guajiros constituyen la etnia más sólida y numerosa de Venezuela, y posiblemente de toda la familia arahuaca. El número de hablantes oscila entre 150.000 y 200.000 personas según las diversas estimaciones. El guajiro es una de las lenguas mejor estudiadas de Venezuela. Existen gramáticas, diccionarios, recopilaciones de literatura oral bilingüe y otras publicaciones, algunas realizadas por autores guajiros nativos. No obstante, se observan aún ciertas discrepancias y algunos vacíos en las descripciones. Incluso hay leves desacuerdos en la ortografía, la cual está llegando hoy en día a su fijación definitiva. A este respecto influyen también las pequeñas variaciones internas de carácter dialectal que se perciben entre los hablantes de la Alta Guajira y los de la Baja Guajira. Esta lengua posee un sistema de seis vocales: las cinco del castellano más la vocal ü, cuya pronunciación es intermedia entre la i y la u, pero con los labios extendidos. Otro rasgo interesante es la existencia de la oclusión glotal (escrita como ' en la grafía corriente, y con el signo ? en transcripción fonética), la cual consiste en una interrupción momentánea del flujo de sonidos a nivel de la glotis, en medio de la pala¬bra. Además, la longitud vocálica tiene un valor determinante, lo cual significa que se distinguen nítidamente las vocales largas de las breves.
Hoy en día la mayoría de los guajiros son bilingües; sólo en las zonas más apartadas se consigue gente que no domina adecuadamente el castellano. Por supuesto, ello no impide que el guajiro sea un idioma de gran vitalidad, usado con orgullo por sus hablantes -a pesar de la discriminación que aún pesa sobre ellos-, y transmitido exitosamente a las nuevas generaciones en casi todo el territorio geográfico que ocupa.


Mujer wayuu, Tapurí, Alta Guajira, estado Zulia, 1980.


Paraujano (añuu). Es un idioma cercanamente emparentado con el guajiro, pero que a diferencia de éste, se encuentra en un peligroso estado de regresión, y amenazado incluso de la posible extinción total si no se tiene éxito en algún programa de revitalización lingüística. Lo hablan hoy en día unas 20 ó 30 personas de edad mediana o avanzada, en las localidades de Sinamaica, Santa Rosa de Agua, El Moján y las islas de Toas y San Carlos, situadas todas ellas en el norte del estado Zulia. Esta lengua nunca ha sido estudiada en profundidad. Por otra parte, los hablantes dominan bien el castellano, y por lo general también el guajiro.

Aruaco (loconó). Es un idioma hablado por pequeños núcleos poblacionales (unas 250 personas) situados en la frontera del estado Bolívar con Guyana, al borde del Atlántico. No se conoce adecuadamente por falta de estudios concienzudos, pero por datos fonológicos parciales y pequeños vocabularios se ha podido determinar que presenta cierta similitud con el guajiro. Las comunidades aruacas están fuertemente aculturadas y sus miembros son bilingües, e incluso trilingües, ya que a menudo, además de su lengua nativa, dominan el español y el inglés.

Lenguas arahuacas del estado Amazonas
Existe un subgrupo claramente diferenciado de la familia lingüística arahuaca, que se sitúa en la parte occidental del estado Amazonas y las zonas adyacentes de Colombia y Brasil. Comprende las siguientes lenguas: baré, baniva, yavitero, wareke¬na, kurripako y piapoko. Un rasgo fonológico muy significativo que comparten todas ellas es su sistema vocálico, compuesto por cuatro vocales distintivas: a, e, i, u. La o existe tan sólo como variante libre de la u, y en préstamos recientes del castellano.
El baré es el miembro más aislado lingüísticamente de todo el grupo. Es una len-gua en peligro inminente de extinción, hablada por algunos ancianos en San Carlos de Río Negro, Solano y Santa Rosa de Amanadona. El baniva y el yavitero son muy similares entre sí. El primero se habla en el pueblo de Maroa y sus alrededores, particularmente en las riberas del río Aki. Existe otro núcleo baniva más al sur, que comprende los ríos Içana y Xié, situados en territorio brasileño. Se ha observado en los últimos años una tendencia a la migración desde la zona de Maroa hacia la de San Fernando de Atabapo, más al norte. El número de hablantes se estima en cerca de 1.000, sin contar los grupos situados en el Brasil. Son poblaciones en general fuertemente aculturadas y con cierta tendencia hacia la erosión lingüística. En cuanto al yavitero, hablado a principios del siglo en la zona de Yavita, hoy en día es una lengua prácticamente extinta, pues sólo se conocía hasta hace poco una hablante de edad avanzada que lo dominaba. Las restantes tres lenguas del grupo se encuentran a su vez relativamente próximas entre sí desde el punto de vista estructural, especialmente el piapoko y el warekena. El primero se localiza dentro del territorio venezola¬no en pequeños núcleos sobre el río Atabapo, y en la zona de confluencia interétnica de San Fernando de Atabapo. Pero sus habitantes son más numerosos en la región adyacente de Colombia, a lo largo del río Inírida. Se calcula un total aproximado de 3.000 hablantes de esta lengua. En cuanto al warekena, se localiza actualmente en el pueblo de Guayanapi (también llamado Guzmán Blanco) y sus inmediaciones, en el curso de los ríos Guainía-Negro y San Miguel. El número de usuarios del warekena no supera actualmente los 500, todos bilingües, y algunos de ellos conocedores de tres o cuatro lenguas, fenómeno observable con cierta frecuencia en la región. Finalmente, el kurripako se encuentra más relacionado lingüísticamente con el piapoko y el warekena que con los restantes miembros del grupo. Tiene una clara división dialectal en dos variedades: kurri y karro. En Venezuela se consiguen hablantes de esta lengua en la zona de Victorino, no lejos de Maroa por el río Guainía, y en la mencionada zona de confluencia de San Fernando de Atabapo. Pero al igual que en el caso del piapoko, la mayor parte de los kurripakos habitan en territorio colombiano, en el curso superior de los ríos Inírida, Guainía y otros. La población hablante total se estima entre 3.000 y 4.000 individuos.
En general, se puede afirmar que, dentro del grupo de lenguas amazonenses en consideración, el piapoko y el kurripako acusan una notable vitalidad. En cambio, el baré se halla en peligro inminente de extinción. El baniva y el warekena están en situación intermedia, lo cual significa que su conservación y reestabilización dependen del éxito de las medidas de planificación lingüístico-cultural que se puedan tomar a corto y mediano plazo.
El grado de conocimiento de estos idiomas dista aún de ser satisfactorio. Desde fines del siglo XVIII diversos viajeros y etnólogos publicaron vocabularios y estudios fragmentarios, pero sólo en las últimas décadas se está llegando a una comprensión adecuada en términos estructurales. Hoy en día se cuenta con los materiales producidos por los misioneros protestantes, básicamente en torno al kurripako y al piapoko, y con las investigaciones, aún en curso, de un equipo de lingüistas de la Universidad Central de Venezuela sobre el baré, el baniva, el yavitero y el warekena.

2. Familia caribe

Junto a las lenguas arahuacas, examinadas en la sección anterior, la familia lingüística caribe constituye una de las más extendidas en toda la región septentrional de Suramérica. Históricamente, la mayor concentración de pueblos caribes se localizó en las Guayanas y en la parte central y sudoriental de Venezuela. Sin embargo, han existido y sobreviven en parte pueblos caribes en el Brasil central y septentrional, varias zonas de Colombia y las Antillas. En el territorio venezolano se localiza actualmente un conjunto de etnias de filiación caribe, en los estados Anzoátegui, Bolívar, Zulia y Amazonas. A ellas y sus lenguas respectivas nos referiremos en los próximos párrafos.

Kariña (kari'ña). Esta lengua es hablada por una población estimada de unas 11.000 personas, en comunidades dispersas en el centro y sur del estado Anzoátegui, así como al norte del estado Bolívar, en las riberas del Orinoco. El pueblo kariña es uno de los que se encuentran en contacto más directo con la sociedad urbana, y es el más cercano a la capital del país entre todos los grupos indígenas. Por tal motivo ha sido víctima de un intenso proceso de aculturación, especialmente en las últimas décadas, que ha afectado un tanto la integridad lingüística a nivel de las jóvenes generaciones de hablantes. Hoy en día la gran mayoría de los kariñas son bilingües, incluso los individuos de mayor edad.
El kariña presenta, en general, los rasgos típicos de la fonología de las lenguas caribes, tales como la longitud vocálica y consonántica, la tendencia al ritmo binario (alternancia de sílabas tónicas y átonas) y la presencia del saltillo u oclusión glotal, entre otros. Sin embargo, posee únicamente seis vocales, a diferencia de las siete que comúnmente caracterizan a estas lenguas.
Los kariñas de Anzoátegui forman un continuum lingüístico-cultural con las poblaciones de habla caribe de la costa septentrional de Guyana, Surinam y Guayana Francesa, cuya prolongación occidental se localiza aún en territorio venezolano, en el extremo nororiental del estado Bolívar. Permanece abierta la cuestión de si este continuum representa una lengua caribe única con fuertes variaciones dialectales, o si abarca dos o más lenguas estrechamente emparentadas.




Panare (e'ñapá). Esta lengua es hablada por una población de cerca de 3.000 personas hacia el extremo occidental del estado Bolívar, en el curso de los ríos Cuchivero y Guaniamo. La población se conservaba muy tradicional y poco penetrada hasta hace unos cuantos años, pero durante la última década han surgido factores de desestabilización, motivados por invasiones de tierras y otros contactos no deseables con la población criolla. Secuela de tales contactos ha sido el surgimiento de un sector de hablantes bilingües dentro de la etnia panare. La lengua permanece aún insuficientemente conocida, y ello no permite precisar la magnitud de las variaciones dialectales que comporta. Un rasgo llamativo del sistema fonológico panare es la existencia de ocho vocales distintivas, lo cual hace de esta lengua la más rica en vocales de toda la familia caribe en Venezuela.


Mapoyo (wanai). Situado también en la parte occidental del estado Bolívar, el grupo étnico mapoyo constituye una población en proceso de regresión lingüística y cultural. Hoy en día ocupa un pequeño territorio del municipio de La Urbana, y cuenta con menos de doscientos integrantes, de los cuales la mayor parte ya no domina bien su lengua materna, en tanto que todos ellos hablan bien el castellano. Los datos lingüísticos disponibles sobre el mapoyo se restringen a información fonológica y listas de palabras, sin llegar a profundizar en la estructura gramatical propiamente dicha.

Yavarana. Otra etnia bastante débil en la actualidad, los yavaranas constituyen un pequeño grupo de unas 300 personas situado en las cercanías de San Juan de Manapiare, en el estado Amazonas. Existe el dato no confirmado de que habría varios centenares de "monteros", hablantes de la misma lengua, en zonas poco accesibles situadas más al norte. Aun cuando el conocimiento lingüístico que poseemos sobre el yavarana se limita a palabras aisladas y aspectos de la fonología, se cree que esta lengua comprende dos variedades dialectales divergentes: el guaiquiare y el orechicano. Los yavaranas hablan correctamente el español, y en parte también el piaroa, ya que ha habido un proceso de absorción parcial por parte de la etnia piaroa, que es la más fuerte de la zona.

Yekuana (ye'kuana). También llamado maquiritare, el grupo étnico yekuana es uno de los más sólidos de la Guayana venezolana. Ocupa un extenso territorio entre el estado Bolívar y el estado Amazonas, formado por parte de las cuencas de los ríos Caura, Erebato, Paragua, Ventuari y Cunucunuma. El número de hablantes de la lengua se estima por encima de los 4.000 individuos. Los sectores más jóvenes de la población tienden a ser bilingües, mientras que buena parte de los adultos y ancianos sólo conocen imperfectamente el castellano.
El yekuana comparte los rasgos fonológicos típicos de las lenguas caribes, entre los cuales se cuentan los mencionados más arriba para el kariña. Pero es más representativo que este último en el sentido de que se basa en un sistema de siete vocales, que constituye el patrón dominante de la familia caribe. Esas siete vocales son las cinco del castellano, más otras dos llamadas centrales por su posición articulatoria: la ü, intermedia entre la i y la u; y la ö, intermedia entre la e y la o. Los estudios lingüísticos sobre el yekuana no abundan todavía, pero sí existen publicaciones en la lengua, producidas sobre todo por los misioneros evangélicos de las Nuevas Tribus, los cuales han diseñado una escritura que hoy se halla difundida en ciertos sectores escolarizados de la población, a pesar de algunos defectos técnicos que presenta.

Pemón. Es el grupo étnico más numeroso de la familia caribe en Venezuela. Tiene su asiento en la región sudoriental del estado Bolívar (conocida como la Gran Sabana) , extendiéndose desde la zona intermedia entre los ríos Caroní y Paragua hasta los límites con el territorio en reclamación de Guyana. Se estima en la actualidad una población pemón cercana a los 20.000 habitantes. Hay tres subgrupos principales, que hablan otras tantas variedades dialectales levemente diferenciadas de la lengua: el arekuna, el taurepang y el kamarakoto. En general puede afirmarse que la población joven domina suficientemente el castellano, además de su lengua, en tanto que una alta proporción de los mayores sigue siendo básicamente monolingüe.
El pemón es, como el yekuana, un representante típico de las lenguas caribes venezolanas; comparte las características más resaltantes de éstas, incluyendo el sistema de siete vocales antes descrito para el yekuana. Existe una gramática y un diccionario, escritos por fray Cesáreo de Armellada; las dos obras, a pesar de sus imperfecciones, siguen siendo insustituibles, porque carecemos de otros estudios lingüísticos de carácter global. Por otra parte, está surgiendo últimamente un valioso muestrario de literatura pemón en ediciones bilingües, gracias a la dedicación del mismo padre Armellada y sus colaboradores indígenas.

Akawayo, patámona, makushí. Son tres lenguas de la familia caribe que se hablan al oriente de la región de los pemones, ya en pleno territorio de la zona en reclamación de Guyana y el área limítrofe del Brasil. Es poco lo que se sabe aún de estas poblaciones, particularmente en el aspecto lingüístico, por la escasez de estudios adecuados. Se extienden aproximadamente desde el río Cuyuní al norte hasta los ríos Branco y Rupununi al sur. Falta determinar todavía, entre otras cosas, la población real de estos grupos étnicos, así como el grado de parentesco lingüístico que existe entre ellos.

Yukpa. Es el único grupo étnico caribe que sobrevive en el occidente de Venezuela. Ocupa la parte norte de la Sierra de Perijá, en los límites de Colombia y Venezuela, aproximadamente entre los ríos Palmar al norte y Tucuco al sur. La población total supera los 4.000 individuos. Los sectores juveniles manifiestan un bilingüismo incipiente, en tanto que los de mayor edad son predominantemente monolingües.
La lengua yukpa es un tanto atípica en relación al resto de las lenguas caribes que se hablan al oriente y sur del país. Carece de longitud vocálica y del saltillo u oclusión glotal. No presenta la vocal central ö, por lo cual su sistema vocálico se ve reducido a seis miembros. Posee un patrón de acentuación y ritmo divergente del resto de la familia caribe. Todos estos elementos refuerzan la hipótesis de Rivet de que los yukpas proceden de migraciones a través del territorio colombiano, y que no tuvieron contacto directo con las demás poblaciones caribes de Venezuela.
Hay una variación dialectal interna, bastante leve, entre el macoíta y el irapa; el dialecto más divergente, sin embargo, es el japreria, que tampoco llega a constituir, hasta donde se sabe actualmente, una lengua aparte. En general, los conocimientos lingüísticos sobre el yukpa y sus variedades siguen siendo hoy en día escasos, y se limitan más que todo al nivel fonológico y al léxico elemental.



Mapa etnolingüístico de Venezuela


3. Lenguas de otras familias

3.1. Familia chibcha. Es una de las importantes agrupaciones lingüísticas de la región septentrional de Suramérica. Su asiento histórico principal fueron los Andes colombianos, pero varias ramas de esta familia se extendieron hacia la América Central, hacia los Andes ecuatorianos, y hacia el norte y el este de Colombia, en las vecindades de Venezuela. Se ha especulado que algunos grupos étnicos de nuestro país, como los warao y los yanomami, serían de origen chibcha, pero tal aserto está lejos de ser confirmado. Lo que sí es indudable es el hecho de que las poblaciones barí del estado Zulia, y tunebo, que alcanza el extremo occidental del estado Apure, desde Colombia, pertenecen a esta familia lingüística.
Los barí constituyen una población de alrededor de 1.500 personas, que se localiza en la zona meridional de la Sierra de Perijá, teniendo como límites el territorio de los yukpas por el norte y el río Catatumbo hacia el sur. La lengua sigue siendo imperfectamente conocida hasta nuestros días; sólo se dispone de algunos vocabularios básicos muy limitados. Como los contactos regulares con la sociedad nacional comenzaron hace poco más de 30 años, una parte significativa de la población sigue siendo básicamente monolingüe.
Los tunebo se localizan actualmente en la vertiente oriental de los Andes colombianos, entre los ríos Casanare y Arauca. La población alcanza a 1.000 ó 2.000 personas, según diversas estimaciones. En Venezuela se encuentra una pequeña proporción de dicha población, hacia el extremo occidental del estado Apure, sobre el río Arauca. La lengua es mucho mejor conocida que el barí, y han aparecido últimamente estudios gramaticales y colecciones de textos.

3.2. Familia tupí-guaraní. Otra agrupación lingüística mayor de nuestro continente, la familia tupí-guaraní, llegó a cubrir en oleadas sucesivas la mayor parte del territorio del Brasil, extendiéndose de sur a norte desde Bolivia, Paraguay y el Río de la Plata, hasta las Guayanas. En el extremo sur de Venezuela, en la región arahuaca del estado Amazonas, se encuentran contingentes de hablantes de la lengua ñengatú (yeral), en un número no determinado, pero que según algunos cálculos podría aproximarse a 2.000 personas. El ñengatú es una especie de "lingua fran¬ca" del norte del Brasil, que tiene sus raíces en el tupí, pero que ha sufrido fuerte influencia de las lenguas arahuacas con las que se encuentra en contacto, y también del portugués. Presenta rasgos de simplificación gramatical y fonológica; ejemplo de ello es la reducción del sistema de seis vocales, propio de la familia tupí-guaraní, a uno de cuatro, análogo al de las lenguas arahuacas del estado Amazonas venezolano. Entre los hablantes del ñengatú es corriente el bilingüismo, y en ocasiones se observa incluso el multilingüismo, producto del contacto continuo con varias lenguas nacionales e indígenas.

4. Lenguas independientes
Como se ha explicado anteriormente, se entiende por lenguas independientes aquellas que no pertenecen o no han podido ser ubicadas aún en ninguna de las familias lingüísticas tradicionalmente conocidas. En Venezuela, y en general, en Suramérica, existe un número bastante elevado de estas lenguas, y algunas de ellas, como veremos, son muy importantes desde el punto de vista cultural y demográfico, por la vitalidad étnica de los pueblos que las hablan. Para su examen, nos guiaremos por el orden siguiente: guajibo, yaruro, piaroa, puinave, jodi, sapé, uruak, yanomami y warao.

Guajibo (jiwi). Es un idioma hablado en una extensa región de los llanos orientales de Colombia, con prolongación en Venezuela al sur del estado Apure, la zona noroccidental del estado Amazonas y los alrededores de San Juan de Manapiare, a donde emigraron varios contingentes en época relativamente reciente. El territorio comprende fundamentalmente las márgenes de los ríos Vichada, Tuparro, Tomo, Meta, parte del Capanaparo y del Arauca, y parte del curso medio del Orinoco en la frontera con Colombia. El número de hablantes, según las estimaciones recientes, se acerca a 20.000, de los cuales aproximadamente la mitad corresponden a Venezuela.
Las variaciones dialectales del guajibo son bastante marcadas. Hay diferencias de pronunciación apreciables entre el habla de los ríos Vichada, Meta y Arauca. Sin embargo, la unidad de la lengua es clara y evidente, a excepción del caso de los subgrupos cuibas del Capanaparo y el Cravo Norte, donde las alteraciones son fuertes y llegan a dificultar la intercomprensión. Mientras el guajibo se basa en un sistema de seis vocales que pueden presentarse cortas o largas, el cuiba del Capanaparo aumentó el número a ocho vocales, eliminando en cambio la longitud vocálica.
La población guajiba permanece en parte poco integrada a las respectivas sociedades nacionales de Venezuela y Colombia, por lo cual predomina aún el monolingüismo sobre el bilingüismo, y no es raro observar un deficiente manejo del castellano. En cuanto al conocimiento lingüístico que se posee actualmente del guajibo y sus variedades, se está incrementando significativamente en los últimos años, con la labor desarrollada por miembros del Instituto Lingüístico de Verano y varios lingüistas venezolanos y extranjeros. En tal sentido, tiende a imponerse la tesis de que el guajibo es en realidad una pequeña familia lingüística, compuesta por el idioma guajibo propiamente dicho, junto con otros tres idiomas, que son el cuiba, el hitnü o macaguán, y el guayabero.




Yaruro (pumé). Grupo étnico localizado en el centro y sur del estado Apure, en las márgenes de los ríos Cunaviche, Guachara, Capanaparo, Riecito y Cinaruco. Por el sur limita con el territorio étnico guajibo. El total estimado de la población es de unos 5.000 individuos. El contacto con los criollos y la sociedad nacional en general es bastante intenso, lo cual trae como consecuencia un buen dominio del español por parte de la mayoría de los hablantes. No obstante, se percibe al mismo tiempo una conservación satisfactoria de la propia lengua. El yaruro es bastante uniforme; no presenta variaciones dialectales considerables. Es un idioma único en Venezuela por su riqueza vocálica. Posee un sistema de nueve vocales orales, a las cuales se su-man seis vocales nasales que revisten también valor fonémico. El nivel del conocimiento lingüístico del yaruro ha mejorado notablemente en años recientes, gracias a estudios gramaticales y lexicológicos que aún están en curso, pero el número de publicaciones sigue siendo escaso.


Piaroa (uwotjüja). La población hablante del piaroa está situada en la región noroccidental del estado Amazonas, desde el Orinoco hasta el Manapiare en dirección oeste a este, y desde el río Suapure hasta el río Ventuari en dirección norte a sur. El número de habitantes se calcula en unos 11.000. Al igual que el yaruro, el piaroa es una lengua aislada, con poca variación dialectal interna, y en buen estado de conservación, debido entre otros factores a la fuerte conciencia étnica de sus hablantes. El grado de bilingüismo, en cambio, es sensiblemente inferior al de los yaruros, ya que los contactos con la sociedad nacional son menos intensos.
El piaroa es también un idioma con una fonología muy peculiar. Se basa en un sistema de siete vocales -que no son iguales a las de las lenguas caribes-, las cuales pueden presentarse tanto orales como nasales. Posee además una serie de consonantes oclusivas -p, t, ts y k- que pueden darse puras, aspiradas o glotalizadas, lo cual no ocurre en ninguna otra lengua indígena venezolana. Nuestro conocimiento lin¬güístico sobre el piaroa es todavía incipiente, pero existe una situación semejante a la del yekuana, en el sentido de que los misioneros evangélicos de las Nuevas Tribus han diseñado una escritura práctica de uso frecuente entre los mismos indígenas, y han publicado algunos textos en lengua nativa.

Puinave. El grupo étnico puinabe se ubica en la parte inferior de las cuencas del Guaviare y del Inírida, llegando hasta los alrededores de San Fernando de Atabapo. Es una población relativamente reducida, calculada en unas 700 u 800 personas, que se caracteriza por un buen nivel de integración cultural interna y conservación de su lengua, y por un bilingüismo incipiente. El puinabe permanece poco conocido desde el punto de vista lingüístico, aun cuando existen algunas publicaciones de carácter religioso producidas por misioneros de las Nuevas Tribus.

Jodi. Es la etnia indígena más recientemente identificada en el territorio venezolano. Incluso su denominación quedó fijada tan sólo a comienzos de la década de 1970. Ocupa una zona selvática ubicada en los límites del estado Bolívar y el estado Amazonas, entre los ríos Kaima, Cuchivero, Parucito y Asita. La población se estima entre 600 y 700 personas, casi desprovistas de contacto con los criollos y la lengua nacional. De la lengua joti se conoce apenas un número limitado de palabras, y las características básicas de su sistema sonoro, cuyos elementos se asemejan un tanto a los del yanomami, pero sin que pueda afirmarse un parentesco con este idioma o con algún otro de la región.

Sapé y Uruak. Son dos grupos indígenas muy reducidos, enclavados en la cuenca del Alto Paragua, al sur del estado Bolívar. El sapé se halla en contacto directo con el territorio pemón, mientras que el uruak lo está con el territorio yanomami. Ambas poblaciones son muy pequeñas -comprenden alrededor de 50 personas cada una- y poco conocidas desde el punto de vista antropológico. No se disponen de datos suficientes para fijar definitivamente su clasificación lingüística.

Yanomami. Es uno de los grupos étnicos mayores de Venezuela, tanto en territo¬rio como en población. Se localiza en las fuentes del Orinoco, y también a orillas de los ríos Ocamo, Matacuni, Padamo, Mavaca, Siapa y otros del estado Amazonas. En territorio brasileño se encuentra sobre los ríos Parima, Uraricuera, Catrimani, Demeni, Padawiri, etc. Por el norte el hábitat de los yanomami se extiende hasta las fuentes del Caura y del Paragua, en el estado Bolívar. La población global se estima en unas 15.000 personas, de las cuales una parte considerable sólo ha tenido contac¬tos esporádicos con la sociedad venezolana o brasileña. Aun cuando existen estudios gramaticales parciales, diccionarios y otros materiales lingüísticos, el conocimiento del yanomami sigue siendo un tanto incompleto.
Entre los rasgos fonológicos básicos se cuenta la existencia de un sistema de siete vocales, análogo al de las lenguas caribes, pero con vocales nasales. La abundancia de las secuencias vocálicas contrasta con la escasez de las secuencias consonánticas. En lo referente a las divisiones dialectales, no hay un acuerdo entre los autores acerca de su alcance y profundidad. Lo que sí parece evidente es que el dialecto más divergente es el sánema, localizado en la zona norte del territorio yanomami, en contacto directo con la población yekuana. Es muy posible, incluso, que el sánema sea en definitiva una lengua aparte, debido a la dificultad de intercomprensión con el resto de la población yanomami.

Warao. Es uno de los grupos étnicos indígenas mejor conocidos desde el punto de vista lingüístico y cultural. Su territorio comprende fundamentalmente los caños del Delta del Orinoco (estado Delta Amacuro), extendiéndose también hasta los confines de los estados Sucre y Monagas al occidente, y hasta la zona limítrofe de Guyana por el oriente. La población total se estima en 25.000 personas.
Hay dos variedades dialectales levemente diferenciadas dentro del idioma warao: el oriental y el occidental. El límite aproximado entre ambos es el Caño Mánamo.
El grado de dominio de la lengua nacional es variable: en los centros misionales y sus alrededores se constata un bilingüismo avanzado, pero hay otras zonas, por ejemplo en el Delta occidental, donde predomina un bilingüismo incipiente.
El warao es una lengua de estructura relativamente sencilla, no sólo en lo que respecta a la fonología sino también a nivel gramatical. Posee un sistema de cinco vocales, igual al del español. Las consonantes son más bien escasas, y no muy diferentes tampoco a las de nuestro idioma. La conjugación verbal se resume en un conjunto restringido de inflexiones, sin mayores complicaciones morfológicas. Tales características han coadyuvado indudablemente a que el warao sea la lengua indígena mejor descrita de Venezuela. En efecto, existen gramáticas, diccionarios, recopilaciones literarias bilingües, materiales didácticos, etc., algunos de ellos de excelente calidad. Por esta razón, el warao representa un poco el modelo a seguir para el desarrollo de las exploraciones lingüísticas y etnolingüísticas en el resto de las poblaciones indígenas del país.

D. LENGUAS INDÍGENAS EXTINTAS
No es fácil establecer con propiedad cuántas y cuáles fueron las lenguas indígenas que desaparecieron a partir de 1500 como consecuencia de la conquista española. Al entrar en este terreno, los datos se vuelven poco precisos y hasta contradictorios. A veces, más que de hechos ciertos se trata de hipótesis e inferencias. No obstante tales dificultades, diversos etnólogos, historiadores y lingüistas han tratado de precisar el panorama de los pueblos indígenas prehispánicos, y la evolución de los mismos durante los siglos posteriores al Descubrimiento. Uno de los autores que más ha contribuido a reconstruir la situación antigua de nuestras etnias aborígenes es Miguel Acosta Saignes, cuya clasificación por áreas culturales nos puede servir de orientación para un estudio metódico de la situación lingüística original de Vene¬zuela. Procederemos, pues, a examinar someramente cada una de dichas áreas.
En primer lugar, nos encontramos con un área bastante homogénea de pueblos caribes que abarcaba una extensa franja de la costa central y oriental. Las fuentes históricas mencionan una cantidad de pueblos, tribus o grupos locales. Al oriente (estados Sucre, Monagas y Anzoátegui) se encontraban, entre otros, los cumanagotos, pariagotos, chaimas, chacopatas, píritus y cuacas. En la zona central (estados Miranda, Aragua, Carabobo y parte de Guárico) vivían los palenques, mariches, caracas, teques, toromainas, quiriquires, tarmas y otros grupos. Resulta imposible precisar cuántas lenguas diferenciadas se hablarían en toda esta región, ya que fue¬ra del cumanagoto y el chaima -sin contar el kariña actual-, apenas han quedado vestigios de información lingüística. La población caribe de la costa central fue la que más directamente sufrió el impacto destructivo de la conquista. Pero hay indicios históricos que permiten postular una notable uniformidad idiomática. En otras palabras, la mayoría de las denominaciones que se conservan identifican sola¬mente dialectos menores y grupos locales, siendo el número de las lenguas propiamente dichas muy reducido.
El área de los arahuacos occidentales ocupaba, según Acosta Saignes, una extensa región desde las costas de Falcón hasta el río Meta, prolongándose hasta los llanos de Colombia. Comprendía dos etnias emparentadas, los caquetíos y los achaguas, cada una con una lengua propia y uniforme. Los caquetíos habitaban en parte de los actuales estados Falcón, Lara, Yaracuy y las islas de Curazao, Aruba y Bonaire, llegando hasta Apure por el sur. Al igual que los caribes del centro, desaparecieron relativamente rápido del panorama étnico del país. De su lengua no han quedado ni siquiera vocabularios que permitan una ubicación exacta. Los achaguas tuvieron al parecer su centro de dispersión entre el Meta y el Guaviare, y de allí se extendieron hacia el norte, en las vecindades de los caquetíos. Restos de pueblos achaguas sobrevivieron hasta la primera mitad del siglo XX y, de su lengua quedan valiosos testimonios en obras producidas por misioneros del siglo XVIII.
En el actual estado Lara y zonas vecinas se ubicaba el área de los jirajaras y ayamanes, a los cuales, según algunos autores, habría que agregar los gayones. Los descendientes de estas tribus sobrevivieron hasta fines del siglo XIX y comienzos del XX. Alfredo Jahn los agrupa en la familia betoy, que a su vez forma parte de la macrofamilia chibcha. No obstante, Acosta Saignes manifiesta dudas sobre la pertenencia de los ayamanes y los gayones a la mencionada agrupación lingüística.
Al extremo occidental del país, en el territorio de la Guajira y el estado Zulia, distingue Acosta Saignes dos áreas culturales: una que comprende la Guajira y la costa del Lago de Maracaibo, y otra, constituida por pueblos caribes, que bordea la anterior. La primera comprendía pueblos como los guajiros, paraujanos, onotos, aliles, toas, zaparas y otros, cuya subsistencia en el siglo XVI se basaba en la caza, la pesca y la recolección. Según el criterio de Alfredo Jahn, los grupos mencionados eran todos de filiación arahuaca, pero Acosta Saignes no se pronuncia categóricamente al respecto, por la carencia de datos probatorios. En efecto, mientras los guajiros y parte de los paraujanos sobreviven hasta hoy, los demás grupos se extinguieron prematuramente. En cuanto a los caribes occidentales, tuvieron la agricultura como actividad económica primaria. Sus representantes principales eran los pemenos, buredes, bobures y quiriquires del sur del Lago, y los antecesores de los actuales yukpas y japrerias -llamados impropiamente "motilones"- hacia el oeste y la Sierra de Perijá. Los pueblos antes nombrados fueron desplazados hacia la Sierra durante los siglos XVI y XVII, y no disponemos de testimonios directos de sus lenguas.
En los Andes venezolanos, particularmente en la zona de Mérida y Trujillo, tenían su asiento los pueblos timoto-cuicas, los cuales, hasta donde se sabe hoy en día, eran lingüísticamente autónomos, y no formaban parte de los arahuacos, ni de los caribes, ni de los chibchas, aunque guardaban afinidades culturales y económicas con estos últimos. Alfredo Jahn, quien pudo reunir muestras lingüísticas directas de los sobrevivientes de estas poblaciones hacia 1920, sostenía el criterio, que creemos muy plausible, de que todas las parcialidades de este grupo hablaban una sola lengua, el timote, que tenía un conjunto de variedades dialectales locales.
En la clasificación de Acosta Saignes aparece demarcada un área de recolectores, cazadores y pescadores de los llanos, que se extiende desde los estados Portuguesa y Lara hasta el Delta del Orinoco. Desde el punto de vista lingüístico, esta región es bastante heterogénea y difícil de caracterizar. Dos de los pueblos representativos eran los guaiqueríes y guamonteyes, cuyas lenguas se desconocen, aunque algunos autores ubicaban a los guaiqueríes entre los caribes, y otros los emparentaban con los waraos del Delta. Ambos pueblos citados han desaparecido como unidades étnicas, al igual que los guamos, que son los únicos de los cuales subsiste un vocabulario, el cual por cierto no permite clasificarlos dentro de ninguna de las grandes familias lingüísticas del país. Dentro de la misma área cultural en consideración se han incluido también los yaruros, los guajibos y los waraos. Estos sobreviven hoy en día, y sus lenguas son independientes y sin conexión alguna demostrable entre sí.
Otra área cultural -desaparecida en la primera mitad de nuestro siglo- es la que conformaban los otomacos y taparitas, situados en la zona de confluencia entre el Apure y el Orinoco. Se sabe que poseían una lengua común, y ha quedado un vocabulario de apreciable extensión, que ha sido estudiado por Rosenblat en 1948. El otomaco no puede emparentarse con otras lenguas conocidas, por lo cual figura como independiente en las diversas clasificaciones.

La última de las áreas culturales que distingue Acosta Saignes es la de la Guayana venezolana, que abarca toda la región al sur del Orinoco, incluyendo el estado Bolívar y el estado Amazonas. Entre todas las áreas culturales indígenas es ésta la que menos modificaciones ha sufrido hasta el presente. La familia lingüística predomi¬nante, tanto en extensión como en número de grupos étnicos, es la caribe, la cual durante la época de la conquista estaba más extendida que en la actualidad, hasta el punto de que formaba una continuidad casi perfecta con los pueblos caribes de la costa. Algunos miembros de este gran bloque han desaparecido, tales como los tamanacos de las riberas del Orinoco, cuya lengua estudió Gilii, o los arinagotos, que en otra época poblaban el curso del río Paragua. Pero la mayoría de ellos se conservan, aun cuando en algunos casos -por ejemplo, los mapoyos y los yavaranas- se encuentran debilitados y numéricamente diezmados. Otros grupos étnicos com¬partían el área de la Guayana con los caribes, tal como ocurre hoy en día. Los yanomami vivían en aislamiento, casi en el mismo territorio que actualmente ocupan entre Venezuela y Brasil. Los piaroas se encontraban al noroeste del Territorio Amazonas, pero junto a ellos estaban los makos, hoy casi extinguidos, y los sálivas, que subsisten en pequeño número en la zona adyacente de Colombia. Finalmente, los pueblos arahuacos del estado Amazonas eran en esencia los mismos que se observan hoy en la región, pero considerablemente más sólidos, ya que algunos de sus representantes, tales como los maipures del Ventuari y el Orinoco, y los caberres del Guaviare, se han extinguido, en tanto que otros más al sur, como los yaviteros y los barés, están a punto de sufrir el mismo destino.
Todo este recorrido que hemos efectuado por el panorama étnico de Venezuela antes de la conquista hispánica conduce a varias preguntas lógicas: ¿cuántos pueblos y cuántas lenguas existían originariamente en el territorio nacional?; ¿qué proporción de estas lenguas se ha perdido?; ¿a cuánto ascendía la población autóctona en el siglo XV, y cómo se comparaba con la actual?
Las respuestas a estas preguntas son muy difíciles, debido a la escasez de los datos y a las inexactitudes que encierran algunas fuentes históricas. Por lo tanto, lo que podamos decir tiene un valor sólo provisional y aproximativo. Respecto a la primera pregunta, resulta interesante observar que el número de lenguas calculadas ha disminuido considerablemente a medida que se desarrollaban los métodos de comparación lingüística, se depuraban los datos y se progresaba en el estudio de las lenguas vivas. Codazzi mencionaba 242 lenguas en 1840, mientras que Paul Rivet y Sol Tax, a mediados del siglo XX, establecen respectivamente 130 y 103 en sus clasificaciones, tal como se desprende del estudio hecho por H. Fuchs sobre esta materia. Ahora bien, hoy se sabe que tanto Rivet como Tax presentan un número mayor de lenguas que las que realmente había, puesto que sus listas contienen una serie de nombres que corresponden tan sólo a variantes locales de diversas lenguas. Por ello, no sería aventurado afirmar que un estudio atento y profundo fijaría un número no mayor de 80 para el total de lenguas indígenas habladas en Venezuela. En tal caso, tomando en cuenta que actualmente subsisten cerca de 30 lenguas, podríamos concluir que se ha perdido alrededor del 60% desde que se inició el contacto con los conquistadores españoles.

E. PRESENTE Y FUTURO DE LAS LENGUAS INDÍGENAS VENEZOLANAS
Como se ha afirmado al comienzo del presente artículo, las lenguas indígenas de Venezuela y de América en general no son tan sólo remanentes de un pasado en vías de desaparición, sino una realidad viviente, un patrimonio valioso capaz de sobrevivir y aun de fortalecerse. Ahora bien, uno de los prerrequisitos para este fortalecimiento es la estabilidad y el aumento de la población hablante. Este planteamiento nos hace volver un momento a la pregunta formulada en la sección precedente acerca de la situación demográfica de los grupos indígenas venezolanos. Se han hecho algunas estimaciones aproximadas de la población autóctona a la llegada de los españoles. Dos de ellas, las de Julián Steward y Ángel Rosenblat, coinciden en postular una cifra tentativa de 350 mil habitantes para el territorio venezolano. Acosta Saignes, por su parte, considera que dicha cifra debería elevarse a unos 500.000, ya que en los Andes y parte de la costa la densidad demográfica era sensiblemente mayor que en el resto del país. Ahora bien, si se acepta esta última estimación, se llega a la conclusión de que hacia mediados de nuestro siglo se habían extinguido o asimilado las cuatro quintas partes de la población original (el censo de 1950 fijaba un total de 98.682 habitantes para los grupos étnicos indígenas). Sin embargo, los cálculos posteriores indican un nuevo aumento demográfico. Por ejemplo, los cómputos de la OMAFI (Oficina Ministerial de Asuntos Fronterizos y para Indígenas del Ministerio de Educación) para 1977 colocan el total de la población indígena en 145.230 personas. Al parecer, se ha operado un crecimiento poblacional en el seno de varios grupos étnicos, como los guajiros, los yanomami, los pemones, los waraos y otros. Ello significaría que la tendencia decreciente, que se mantuvo constante hasta 1950, se ha revertido finalmente y que asistimos a una nueva época de afianzamiento y revitalización de los pueblos indígenas. (Nota: En los últimos años se ha confirmado la tendencia al aumento global de la población autóctona, ya que el Censo Indígena de 1992 establece un total nacional de 308.762 personas.)
Junto a la estabilización demográfica, hay un conjunto de factores socioculturales indispensables para la conservación de las lenguas indígenas, tales como el carácter y la intensidad de los contactos con la sociedad nacional, la orientación de la política indigenista, el sistema educativo y, por encima de todo, las actitudes e iniciativas de las propias poblaciones indígenas en relación con su lengua y su patrimonio cultural integral. Afortunadamente, se observan hoy en día signos positivos en relación con la mayoría de los factores mencionados. Por ejemplo, se está formando una conciencia en el seno de la población venezolana acerca de la importancia de los valores étnicos indígenas, no sólo en sí mismos, sino también como ingrediente fundamental de la identidad nacional en su conjunto. Ello se refleja, entre otras cosas, en la política educativa, a través de la promulgación en 1979 del Decreto Presidencial acerca del Régimen de Educación Intercultural Bilingüe para las zonas indígenas. Y en lo que respecta a la toma de conciencia de los mismos indígenas sobre su problemática, se ha notado a partir de los años 70 la consolidación de diversos movimientos de opinión y organizaciones étnicas que promueven la valorización de las propias lenguas y tradiciones culturales como parte de una lucha integral para alcanzar el bienestar económico y social. Movimientos de esta índole se producen simultáneamente en el actual momento histórico entre los indígenas americanos, y en el seno de los pueblos autóctonos del resto del mundo. Todos ellos perciben con claridad que no existe contradicción alguna entre el hecho de participar en una sociedad nacional y mundial, y la conservación de un perfil étnico definido mediante el mantenimiento del patrimonio cultural propio, dentro del cual ocupa un lugar primordial la lengua nativa.

2 comentarios:

Beth9015 dijo...

¿Hay algún sitio en Caracas dónde se enseñe alguna de estas lenguas?

Gonzalo Ramos Aranda dijo...

Les comparto mi poema, inspirado a fin de . . .

QUE NO SE PIERDA UN IDIOMA, QUE NO SE EXTINGA UNA LENGUA

Que no se pierda un idioma,
porque la ignorancia asoma,
que no se extinga una lengua,
porque la cultura mengua.

Idioma es inteligencia,
lo que hace la diferencia,
comunicación humana,
que a las regiones hermana.

Lenguaje igual a intelecto,
propio del ser más correcto,
idiosincrasia de un pueblo,
producto de su cerebro.

El habla es el fundamento,
comprensión y entendimiento,
de una raza, . . . su conciencia,
distinción y pertenencia.

Lingüístico es el problema
que se aborda en el poema,
¡globalización avanza,
como fiera, cruel, a ultranza!

Extinguiendo tradiciones
de la gente, . . . sus pasiones,
acabando con la historia
de las naciones, . . . su gloria.

¡Un no a la modernidad!,
a aquella que, sin piedad,
se cierne sobre el pasado
que, en el bien, se ha cimentado.

Si se abandona un idioma,
el daño se vuelve axioma,
si hay olvido de una lengua,
oscurantismo sin tregua.

Triste adiós a las raíces,
en el alma cicatrices,
despido a la identidad,
¡por Dios, que barbaridad!

¿Que decir de los dialectos,
de los viejos . . . predilectos?,
su desuso cruel presagio:
“de la costumbre . . . naufragio”.

Hay que preservar lo nuestro,
como dijera el maestro,
y enseñarle a juventudes,
de un idioma, . . . las virtudes.

Autor: Lic. Gonzalo Ramos Aranda
México, D. F., a 19 de julio del 2013
Dedicado a mis ahijados, Licenciados en Educación Intercultural Bilingüe (Purépecha-Español*Español-Purépecha), CC. Dulce de la Cruz Séptimo
y Andrés López Juan.
Reg. SEP Indautor No. 03-2013-111212464200-14

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